Editorial: Aranazos

6 meses ago
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Que las relaciones entre el Frente Amplio (FA) y aquellos de sus antiguos aliados que hoy integran la organización Nuevo Perú (NP) no son las mejores es notorio y conocido. Como se recuerda, después de un período de recriminaciones mutuas, esos dos sectores de la izquierda peruana acabaron rompiendo el entendimiento político que tenían y conformando bancadas separadas en el Congreso.

La separación, sin embargo, no trajo consigo un cese de hostilidades. Por el contrario, el cruce de acusaciones y frases duras –aunque no por ello necesariamente alejadas de la realidad– parecería a veces haberse hecho más intenso desde entonces. Y un ejemplo de ello es la reciente entrevista que el congresista Marco Arana, líder del FA, ha concedido al diario “Correo”.

En ella, Arana anuncia que no va a compartir el dinero del financiamiento estatal a los partidos con sus ex socios (“No les corresponde, es para el FA”, afirma) y llega a decir cosas como: “Nosotros no andamos repartiendo bombones ni escarapelas a fujimoristas; lo hacen personajes de Nuevo Perú”.

Lo más llamativo de sus declaraciones, empero, son las respuestas que da a una pregunta sobre la aparición de la presunta letra de Verónika Mendoza en una de las agendas de Nadine Heredia. Como se sabe, la anotación en cuestión es relevante porque en esas libretas se consignó información sobre dineros que tendrían origen oscuro y que habrían ido a parar a las arcas del nacionalismo. Se trata, en concreto, de un apunte del 2007 sobre un número de cuenta de un banco local en la que el partido humalista –al que Mendoza estuvo vinculada hasta el 2012– recibió fondos provenientes del extranjero.

Pues bien, el congresista del FA dice al respecto lo siguiente: “Es algo que tiene que ser investigado por la fiscalía con la misma celeridad y transparencia que demandamos para Alan García, Keiko Fujimori, Alejandro Toledo y el propio presidente de la República. […] Aquí no se puede hacer espíritu de cuerpo para decir que no la investiguen en materia de corrupción, lavado de activos o transferencia ilegal de fondos”.

Y añade: “Llama la atención que primero diga que no es su firma. Luego que no se acordaba, para finalmente terminar admitiendo [la posibilidad de que el trazo sea suyo]”.

Una preocupación, a decir verdad, con la que resulta imposible no coincidir, porque todos recordamos cómo, en torno a la autoría de ese apunte, la señora Mendoza pasó efectivamente del “lo rechazo categóricamente” al “no lo niego categóricamente”… cuando el ex embajador del Perú en Venezuela Luis Raygada mostró un correo electrónico suyo del 2007, en el que ella consignaba el mismo número de cuenta que aparece en la anotación de la agenda que se le atribuye.

De hecho, nosotros mismos editorializamos sobre el particular el 3 de abril del año pasado, no bien se divulgó el cambio de posición de la señora Mendoza y en el tramo final de la primera vuelta electoral, subrayando lo fundamental que resultaba saber si una aspirante presidencial como ella podía haber sido funcional a alguna operación ilegal, éticamente reprobable o políticamente comprometedora.

Lo llamativo de la declaración de Arana, no obstante, es que, a pesar de que toda la información a la que alude estaba disponible en la campaña presidencial en la que eran aliados, no tuvo a bien entonces mencionarla y menos exigir que se hiciera una investigación al respecto como la que reclama ahora. Una actitud que podría asociarse con el eventual ‘espíritu de cuerpo’ que hoy rechaza.

Así las cosas, su actual prurito de transparencia en lo que concierne a la actuación pasada de Mendoza daría la impresión de no ser otra cosa que celo y voluntad de mellar de alguna forma a quien podría disputarle el voto izquierdista en una futura contienda electoral.

Si al final de las investigaciones la lideresa de NP resultase teñida por los opacos manejos financieros del nacionalismo de tiempo atrás, quienes hicieron la vista gorda durante la última campaña porque estaban destinados a compartir su suerte electoral deberán compartir también las consecuencias políticas de esa distracción.

Fuente: Elcomercio.pe

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